Palabras de Amor

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Y no se si el amor venció, porque todo está perdido, y mas claro que esto no hay nada, pero amor hubo y cuánto. Ellas, por malas y por egoistas, que no envian, ni enviarán nunca, ni una sola foto, no lo sabrán nunca.

Ni que fuera una, les hubiera mandado a vuelta de correo, palabras de amor. No las mias, que no les importan, pero las de nuestro padre. Un padre del que hablan por hablar como si le hubieran conocido, al de verdad. Pero no. No saben los secretos. No le conocen, ni a nuestra madre. Creen que saben y no saben nada. Nada. Una quiere olvidar y la otra recordar, pero lo que se imaginan nada tiene que ver con la verdad.

Los dos escribían, my madre y mi padre. Mi madre por fuera y por dentro, sobre libretas de las que tengo alguna.

(Se las arranqué a mis hermanas-araña en el último minuto. Pensar que se las dejaba todas, confiada. Tiemblo y retiemblo. Sabed! Lo que esta en mi Corazón, en mi cabeza, no me lo quitáis! Querrán mis pensamientos y no los suyos? Ay mi culpa, mea culpa.)

Mi padre escribia mas que nada por dentro. Por fuera escribía muchas mentiras y alguna verdad; en su agencia de publicidad, en nuestras cabezas y en su libro “Maldita publicidad!”

(Un libro pequeño de color marrón, lo abri dos veces y las dos veces las mentiras salieron disparadas del libro; pum lo cerré)

Excepto cuando le escribía cartas de amor a mi madre. Mi madre me las enseñó. Solo a mí. Un día, de pié en el sótano. Húmedo. Estrecho y maloliente. Anne-Marie acurrucó las cartas en sus manos, eran muchas, como a una paloma de la paz.

Delante de mí, pero como si yo no estuviera, recordó casi una por una las palabras de amor de mi padre. Se vertieron como un torrente sobre ella. Y le dio pena. Se volvió frágil, la vi recoger el hilo de la historia bella. La historia de amor. La sana. Duró solo un momento. Y puso las cartas de nuevo en una de sus cajitas. Que no su Corazón.

Pero ahí vi que en mil novecientos sesenta, durante el solsticio de invierno, justo en el momento que Miyabe Miyuki, la escritora, nacía en Tokio, yo fui concebida en amor puro, en diamantes y oro, en gracia, en alquimia de la buena.

Los gritos, hostias y recriminaciones de tres décadas y media se disolvieron en un instante. Y luego yo tambien volví a mi cajita.

http://www.goodreads.com/book/show/123557.Brave_Story

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